TYBSO: ¡Sin saber hacer un plato, montamos la planta y así empezó!

TYBSO

Por equipo ROMAG.

¿Cómo llegó la idea de crear la fábrica?

Es una historia súper bonita. Yo soy restauradora de arte, mis padres toda la vida han sido muy emprendedores, ahorraron para una finca, pero mi mamá la quería metida entre las montañas, perdida dentro de un bosque. Por ese motivo se demoraron veinte años para conseguirla. Mientras pasaban los veinte años el zarzo de mi casa se llenó de cosas para esa posible finca. Cuando por fin la encuentran mi mamá, hija de artistas, le dijo a mi papá: “¡yo quiero hacer mi vajilla, que la experiencia sea mía! En mi casa se come bien. Mi papá era un gran cocinero, el arte de la buena mesa siempre ha estado presente en nosotros.

Descubrimos que no había un solo lugar donde trabajar, nadie te brindaba la oportunidad de desarrollar tu propia experiencia, pero unos amigos de mi papá que tenían un pequeño taller le dijeron: “Pueden venir acá, pero tienen que trabajar con los platos que tengo, pintar lo que quiera, pero no hay posibilidades que se muevan mucho, en cuanto a colores, acabados y formas. Y justo por esa época a mi mamá le llega de Barranquilla, donde nació, un hornito chiquitico eléctrico, que además fue el primero que tuvimos de una tía que hace escultura. Ella nos dijo: “Yo no lo voy a usar más, tómalo para que juegue” 

Y mi papá noto pues para que hagamos una experiencia que nosotros no pudimos tener, y sin saber hacer un plato, montabas la planta, y así empezó.

Estrusola, máquina creada por el padre.

En Colombia nosotros no tenemos porcelana, no tenemos como tener gredas naturales distinto a lo que pasa en Inglaterra, Portugal o China donde la puedes conseguir en el patio de la casa, haces un hueco y tienes unas gredas increíbles cuando quieres hacer barro. Y así fue como nació nuestra propia fórmula, como el pastelero que tiene su propia receta para hacer su pastel de naranja. Nosotros hacíamos nuestra arcilla y esto se llama una estrusola, y es la que coge todo ese barro súper rudo, esa mezcla de materiales y la obstruye en un tubito sin aire perfecto para que lo puedas trabajar luego, es importante que esté en su entorno donde la quieras trabajar para producir las formas. Si en las piezas queda aire cuando entran al horno se revientan. Todas las máquinas son diseñadas por mi padre. Tenemos una que es nuestra reliquia; es una pieza muy importante para nosotros y tiene un afecto muy grande, y funciona, ¡es súper lindo tenerla!

¿Cuál es el proceso creativo en tybso?

Es una bomba de ideas. Soy la directora creativa. Tybso empezó cuando la tendencia de los restaurantes era el blanco, y nuestra carta era blanca. De hecho, todavía tenemos una pared que tiene mucho de ese blanco.

El proceso creativo para mi es absorber, todo lo que veo, y dejar que fluya; hacer comités, hablar, escuchar a nuestros clientes. Co diseñamos y producimos solo sobre pedido, no hay ningún stock y se produce una vez para el cliente. 

Cuando estas con clientes es como dar una asesoría de moda: quién eres, qué te gusta comer, cómo es tu lugar, cómo es tu casa, qué te fluye, qué no te fluye. Y de ahí nosotros absorber lo que esa persona quiere y traducirlo en un acabado, en un conjunto de experiencias que le hablen muy bien al cliente. El proceso creativo para mí sería una gran espora que absorbe toda la información de afuera, y simplemente deja que salga de una forma estética que se convierte en platos. 

¿Cuáles son los ingredientes más importantes para lograr un diseño excepcional? 

Creo que tiene que ver mucho con la intuición, un muy buen gramaje de intuición, creerle a mi instinto, dejar que respire y mantener una mente abierta y poderosa. Hay diseñadores que tienen súper claro su línea y se hacen reconocidas. Con Tybso la experiencia es levantar el plato y que el cliente diga: “Esto tiene que ser Tybso”

¿Qué tipo de influencia tiene Tybso sobre las colecciones?

Un día soy súper punk y al otro día soy la niña mas pastel y al otro día soy la más ruda de todas. Es como una bipolaridad súper fuerte. Tengo una inquietud mental muy grande y me gusta explorar a diario distintas formas de ser. Pero sí hay una tendencia muy grande del Caribe. Tengo una influencia muy marcada por mi madre y mi abuela materna que son de Barranquilla y a mí me acompaña mucho ese sentido de la costa: el mar, la sabrosura, soltarse, entender el color y adaptarlo, hay mucho color.  Soy de Bucaramanga, me crie toda la vida en Bogotá, soy y me siento muy capitalina, pero tengo un trópico adentro que no me deja conservar esa línea de la onda de la capital; siempre estoy buscando exagerar esos colores y esas formas. 

¿De dónde nació la idea de crear algo único a mano? 

Amor por los oficios, de entender que nadie es igual a otro.  La belleza de la imperfección es perfecta; siento una calidez enorme por los objetos hechos a mano, nos encanta esa sensación de lo orgánico y dejar atrás todos los procesos industriales que son válidos y hacen parte de unas colecciones para algunos, pero para nosotros la razón de ser es: ser fieles a los oficios. La única forma de hacerlo es respetando los procesos manuales y no dejarnos tentar por los industriales.

¿Cómo es el desarrollo de la vajilla personalizada? 

Lo que hacemos con un cliente, sea señora o sea un restaurante es conversar. Mi espíritu es establecer un vínculo muy fuerte con nuestros clientes, que no son clientes si no familia, una pequeña comunidad que es vital para nosotros. La única forma para poderlos entender es que se suelten y hablen de sus gustos, de lo que quieren en la cita. Aquí somos una gran familia y eso genera una intimidad súper bonita.

¿Cuáles son los estilos actuales que manejan?

El año pasado trabajamos mucho. Era como un chip glam que tenía mucho oro, también colores pasteles y terminamos el año con una forma muy pronunciada, con flores, tallos de hojas, súper tropicales. Este año me estoy devolviendo un poquito al romanticismo de la terracota, queremos ser mucho más Atmel, tener más imperfecciones en las piezas, con mucho movimiento, y encontrar piezas robustas, tonos pastel, orgánicos como una onda muy japonesa, mezclada con un provenzal, algo así como si un italiano se hubiera enamorado de una japonesa. Estamos como en esa onda.

Además del Japans que tiene Tybso para el 2025 

Lo que hemos trabajado siempre tiene algo de todas las colecciones; un poco el ejercicio es dejarle ver al cliente que puedes mezclar algo supremamente sublime y delicado con algo robusto y rudo y que se llevan muy bien. 

Nunca pierdo el espíritu de las colecciones pasadas, sí trato de mezclar esos acabados con lo nuevo y me cuesta mucho trabajo quedarme quieta, es una necesidad de movimiento, no puedo, me aburro y entonces trabajo en una y me concentro un montón. Apenas la tengo empiezo a traer como referentes de colecciones pasadas y a mezclarlas para que se combine, para que el que tenga colecciones de hace tres años pueda decir que puede tener esta nueva colección, y mezcla supremamente bien. 

¡Quiero explorar este año esa sensación como el italiano enamorado de la japonesa, ¡es increíble! 

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